Sábado, 24 De Junio De 2017
Av. Catalunya, 4 - Castellserà, Castellserà - 25334
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Historia

Raíces e Historia

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A su término los vestigios documentados de la edad del Bronce dan paso a restos de un poblado ibérico, alrededor del cual se constata una villa romana, de la que queda una singular lápida funeraria.
Ocupado el lugar por los árabes el terreno fue conquistado por el conde Armengol IV, el de Gerp, hacia finales del 1080. La localidad, descendiendo hacia el llano, se fue formando al abrigo de la primitiva torre de defensa llamada Torre dels Canonges, que se convirtió en la fortaleza del lugar.
De los Moncada, señores de Castellserà a finales del siglo XII, el castillo y la localidad, pasan, durante el siglo XIII, a manos de diferentes nobles: los Cervera, los Vall-Llebrera, hasta convertirse en patrimonio del comerciante de Lleida Jaume Des Brau, el cual vende, en 1318, la propiedad al abad Copons del Monasterio de Poblet.

La localidad dependía del abad de Poblet. El abad era quien dictaminaba las normas de buena convivencia para todos los vecinos y eran de obligado cumplimiento. En su nombre se recaudaban los impuestos, ya fueran los diezmos y tributos feudales o los censos con monedas o gallinas dependiendo de lo que, siendo propiedad del monasterio, se tenía arrendado, ya fuera una casa o fincas. Él era quien nombraba alcalde de la localidad o su representante, que se ocupaba de los asuntos relacionados con el señor y quien, en nombre del abad, hacía cumplir la ley y las normas o hacía perseguir a los malhechores y los hacía ajusticiar, encerrándolos en la cárcel del castillo o bien haciéndolos colgar en las horcas del camino de La Fuliola.
L La localidad crece hasta el principio del siglo XIV. El conjunto de casas y edificaciones protegidas por el castillo, el talud del cerro y las mismas casas que hacían de valla, con dos portales para acceder, el de Santa María y el del Pont, se llamaba villa cerrada. A finales de este siglo la peste causó estragos, ya que si en 1318 se contaban unos 180 habitantes, en 1378 eran sólo unos 50 habitantes.
Con todo, en el siglo XV crece espectacularmente de nuevo, ya que se construye la muralla, que rodea mucho terreno baldío y se trasladan los dos portales a los dos laterales de la plaza Major, uno al final de la calle Major, con el portal de las Basses y en su extremo opuesto, el portal Nou.
Durante todos estos años los habitantes de Castellserà vivían de la agricultura y de la ganadería. Cultivaban principalmente productos de secano, cereales (trigo, avena, mijo, lino, azafrán, ...), vid y olivos, ya que el término, excepto la parte baja que se regaba con las aguas de la Aigüera de la balsa y del Reguer, no disponía de tierras de riego. El ganado que más abundaba, aparte de los mulos y burros para las labores agrícolas, eran las ovejas y también había toros y vacas.
También había un grupo de artesanos que vivían de la venta de sus productos o de su trabajo, como por ejemplo los carpinteros, los herreros, los alpargateros, los sastres, los tejedores o los albañiles.
Se nombraban cada año dos paers que se encargaban, con el acuerdo del Consejo de la Villa o los representantes de toda la población, que la gente de la localidad tuvieran todos los servicios necesarios: carne (había una carnicería que era municipal), tienda (para vender víveres), horno (para hacer y vender pan), molino (para moler las aceitunas y tener aceite), Duler (era quien cuidaba de los animales al terminar los trabajos del campo), médico , comprar la nieve para conservar los alimentos, etc.
Fue a finales del siglo XV cuando, como resultado de la Guerra Civil entre el rey Juan II y la Generalitat , un grupo de soldados mercenarios incontrolados capitaneados por Esteve Gau y Lluís Mudarra, que habían sido contratados por el rey, se apoderaron de Castellserà, La Fuliola y Penelles, pidiendo al rey, a cambio de dejar libre su gente, la cantidad de 7.000 libras que correspondía a la paga que les debía.
La población había crecido. Se construyó, a principios del 1500, la nueva iglesia en la plaza Major. Se habían edificado nuevas casas y habían surgido nuevas calles. La gente era muy religiosa. Por eso los paers contrataron un escultor para que hiciera el retablo de Santa María Magdalena de madera para el altar Mayor. Se constituyeron las cofradías, grupos de fieles que organizaban las celebraciones religiosas del santo a quien tenían más devoción. Las más importantes fueron la de Sant Sebastià y la del Roser. La Guerra de Separación y la Guerra de Sucesión conmocionó a la localidad ya que sufrió el paso de los ejércitos, debiendo alojar a los soldados, lo que provocó la ruina de muchos agricultores, muertes violentas, pérdidas de cosechas y derribo de edificios como por ejemplo el hospital. < p> El siglo XIX aportó un cambio profundo en la localidad. Las nuevas leyes estatales debían acabar con la posesión del pueblo por parte de Poblet. La localidad ya no tenía dueño o señor. Por primera vez se podrían elegir libremente los concejales y el alcalde y no se tenía que pagar nada al monasterio. Con la ley de desamortización todas las posesiones, casas y tierras que eran de los monasterios y de las parroquias pasaban a ser del Estado y a continuación se subastaban entre los particulares. Con la construcción del Canal de Urgell las tierras que eran mayoritariamente de secano pasaban a ser de regadío. Como consecuencia se incrementó notoriamente la población y se consiguen mejoras económicas y sociales que se completan a principios del siglo XX. En 1898 se construyó el primer depósito municipal de agua potable. En 1905 se inauguró el nuevo cementerio, en 1912 se construyó el matadero público, en 1914 se inauguró la iluminación eléctrica por las calles de la villa, en 1926 se fundó la Agrupación Coral, en 1923 se realizó un plano del pueblo previendo su crecida, que es interrumpida por la Guerra Civil. Finalizada ésta, hubo una lenta recuperación con la venida de nuevas familias emigrantes. Se fundó la Cooperativa del Campo en 1950 y posteriormente, en 1963, se empiezan a pavimentar las calles, consiguiendo, en la década de los 70, con la introducción del cultivo de los árboles frutales, una etapa de prosperidad económica.

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